Perú tendrá el segundo mayor crecimiento de América Latina en 2026 y 2027
junio 12, 2026
Escrito por: Redacción Logística 360
Según la OCDE, el PBI peruano avanzará 2.9% en ambos años y solo será superado por Costa Rica, tras registrar una expansión de 3.4% en el 2025.

La economía peruana mantendrá un ritmo de expansión superior al promedio de la región durante los próximos dos años. De acuerdo con el más reciente informe de perspectivas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Producto Bruto Interno (PBI) de la nación registrará un crecimiento de 2.9% tanto en el 2026 como en el 2027. Esta proyección consolida al país con el segundo desempeño más sólido de América Latina, ubicándose únicamente detrás de Costa Rica, tras haber alcanzado una expansión de 3.4% en el 2025.
Este dinamismo de la actividad productiva estará respaldado por los fundamentos de la demanda interna, que continúa mostrando fortaleza a través del dinamismo de la construcción, el aumento de los ingresos laborales y el crecimiento del empleo formal. Asimismo, el consumo privado y la inversión —con una inversión fija que avanzaría 9.3% en el 2026— impulsarán el PBI, junto con el efecto favorable de las elevadas cotizaciones de minerales como el cobre, que se sitúan en niveles históricamente altos.
Choques externos y trayectoria de la inflación
La proyección macroeconómica de la OCDE toma en cuenta un entorno global deteriorado por la desaceleración del crecimiento mundial y el conflicto en Medio Oriente, eventos que elevaron a nivel internacional los costos del petróleo, el gas natural y los fertilizantes. En el plano local, estos factores generaron mayores costos energéticos y de producción, sumados a interrupciones temporales en el suministro nacional de gas durante los primeros meses del año, y los riesgos asociados a las condiciones climáticas de El Niño.
Como consecuencia de estos choques de oferta de carácter transitorio, la inflación general se elevará temporalmente por encima del rango meta del Banco Central de Reserva (BCR). Las estimaciones de la organización detallan la siguiente trayectoria para los indicadores de precios y empleo:
- Inflación general: Subirá de 1.5% en el 2025 a 3.6% en el 2026, para luego descender a 3.1% en el 2027.
- Inflación subyacente: Pasará de 1.9% a 3.8% en el periodo analizado, antes de retroceder a 3.2% al año siguiente.
- Desempleo: Se mantendrá estable en un 4.3% durante el 2026 y el 2027.
Frente a este comportamiento de los precios, el organismo considera adecuada la actual postura neutral de la política monetaria. El BCR fijó su tasa de referencia en 4.25% en mayo y mantiene las expectativas inflacionarias a doce meses dentro del rango objetivo, lo que evita la necesidad de aplicar medidas contractivas más severas ante eventos que se disiparán gradualmente.
Sostenibilidad de las cuentas del Estado
En la perspectiva de mediano plazo, la OCDE señala que preservar la estabilidad macroeconómica construida durante décadas requiere fortalecer la disciplina fiscal y retomar una senda de consolidación consistente con la regla fiscal. Aunque la deuda pública peruana se sitúa entre las más bajas de la región y rondará el 31% del PBI en el horizonte proyectado, el informe advierte que la aprobación de medidas permanentes de gasto sin financiamiento asegurado arriesga la credibilidad del marco fiscal.
Para financiar las prioridades sociales y productivas sin afectar las cuentas estatales, las recomendaciones del organismo se centran en ampliar la base tributaria, optimizar la eficiencia del gasto público y evitar incrementos de desembolsos que no tengan fuentes estables de ingresos.
Fortalezas y reformas pendientes
En el frente del comercio exterior, el país se encuentra posicionado para absorber la incertidumbre global. Los términos de intercambio siguen beneficiados por los altos precios de los minerales, mientras que los despachos mineros principales no han recibido el impacto de los aranceles generales de Estados Unidos. No obstante, el crecimiento proyectado enfrenta riesgos latentes como una potencial escalada de conflictos sociales en proyectos del sector, la intensificación de fenómenos climáticos, el desabastecimiento de insumos estratégicos para la minería o nuevas alzas energéticas.
Finalmente, el reporte concluye que para asegurar la expansión económica en este entorno adverso, el territorio peruano debe resolver dos desafíos estructurales: la informalidad laboral y la seguridad energética. Para lo primero, plantea reformas destinadas a agilizar permisos, dar certidumbre regulatoria y eliminar trabas a la inversión privada en infraestructura y minería, ampliando la productividad. Para lo segundo, la prioridad es diversificar la matriz energética y robustecer el suministro de gas, reduciendo la exposición a crisis internacionales tras las recientes fallas en activos críticos.
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