TLC con Hong Kong plantea capex logístico y refuerzo de cadena de frío

septiembre 21, 2026

Escrito por: Redacción Logística 360

El TLC abre oportunidades para la agroexportación peruana y plantea inversiones en cadena de frío, riego tecnificado y resiliencia frente a la volatilidad climática.

El desafío operativo y logístico que imponen la volatilidad climática y la alta concentración exportadora marca el ritmo del nuevo tratado de libre comercio suscrito con Hong Kong. Este acuerdo comercial, que entró en vigencia el pasado 1 de setiembre de este año con un logro histórico de arancel cero inmediato para la totalidad de la oferta exportable peruana, va más allá de eliminar la última barrera en un mercado que ya funcionaba como puerto libre.

Oportunidades comerciales y demanda insatisfecha

El pacto entrega reglas de origen ordenadas, procedimientos aduaneros previsibles y un marco para resolver controversias, atributos valorados tanto o más que la rebaja arancelaria. El potencial comercial es considerable al dimensionarlo con cifras concretas.

Según el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), Hong Kong importa del mundo 20,948 millones de dólares en mercancías agropecuarias y exporta apenas 9,788 millones. Ese déficit sectorial de 11,160 millones de dólares refleja una demanda insatisfecha notable.

El Perú, que en su mejor año colocó 275 millones de dólares en frutas y hortalizas, cuenta con un segmento potencial superior a los 7,000 millones de dólares. Los arándanos, uvas, paltas, cítricos, mangos, espárragos y frutas congeladas concentran las oportunidades más inmediatas. En una segunda ola de crecimiento todavía sin explotar figuran salsas, panadería y chocolates procesados.

Vulnerabilidad climática y riesgos de abastecimiento

Sin embargo, capitalizar esa puerta abierta exige mirar más allá del texto legal y enfrentar la vulnerabilidad interna. Los arándanos, paltas y uvas concentraron el 93% del valor exportado en 2025. El desplome del 62% registrado ese año, seguido de otra caída del 50% en el primer semestre de 2026, expuso la alta dependencia de apenas tres cosechas.

Detrás de esa volatilidad opera el riesgo climático físico. Sequías, heladas fuera de temporada, floraciones anticipadas y estrés hídrico alteran calibres, ventanas de cosecha y volúmenes exportables antes de que cualquier preferencia comercial aplique. Esa incertidumbre agronómica erosiona la previsibilidad de ingresos que el tratado busca ofrecer.

Decisiones de inversión y resiliencia logística

Las implicancias prácticas para los exportadores exigen decisiones concretas de inversión donde el desafío deja de ser solo comercial. La resiliencia operativa frente a fenómenos climáticos, la diversificación varietal y geográfica de los fundos, y la inversión en riego tecnificado resultan tan decisivas como el capex logístico destinado a la cadena de frío o al aprovechamiento del corredor de Chancay.

Quien concentre su oferta en tres frutas y un puñado de valles asumirá un coste de oportunidad creciente cada vez que el clima determine el volumen embarcado. El artículo publicado en el Suplemento Económika del Diario El Peruano advierte que el acuerdo entrega una ventana genuina, pero su rentabilidad futura dependerá de una gestión agroclimática que hoy luce incipiente. Como sentencia el análisis, «ningún certificado de origen protege una cosecha que simplemente no llega jamás a tiempo al puerto».

Impacto en el empleo rural y formalización

El impacto se extiende de forma directa al empleo formal y a las cadenas de transporte. El sector agroexportador emplea a miles de familias rurales cuyos ingresos dependen del ritmo de embarques hacia Asia. Cada caída en arándanos o paltas golpea directamente los jornales de cosecha, empaque y transporte en valles como Ica y La Libertad. Frente a esto, el tratado con Hong Kong ofrece una vía para sostener y ampliar empleo formal agrícola mediante productos procesados y frutas menos exploradas, siempre que la diversificación reemplace pronto la concentración actual.

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