El Niño expone a Perú a riesgos para logística y minería hacia 2027
octubre 2, 2026
Escrito por: Redacción Logística 360
El análisis de Verisk Maplecroft identifica riesgos diferenciados para Perú por lluvias, sequías y exposición minera ante la intensificación de El Niño.

Perú enfrenta una exposición diferenciada ante la intensificación del fenómeno de El Niño hacia 2027. Las lluvias en el norte y las sequías en regiones del sur plantean riesgos distintos para la agricultura, la industria y la infraestructura. A ello se suma la sensibilidad de la actividad minera frente a las variaciones de las precipitaciones. Estas condiciones forman parte de los riesgos para las cadenas de suministro en América Latina que identifica un análisis de Verisk Maplecroft sobre el impacto del fenómeno climático en la región.
El informe señala que América Latina enfrenta una creciente posibilidad de interrupciones en las cadenas de suministro, pérdidas en la producción de materias primas y presión sobre infraestructuras críticas. La región es un proveedor relevante de cobre, café, soja, maíz y salmón, además de albergar corredores logísticos estratégicos como el Canal de Panamá.
Para los sectores de logística y abastecimiento, los efectos pueden trasladarse a los costos de adquisición, los calendarios de producción y los plazos de entrega. El impacto, sin embargo, no sería homogéneo. El Hazard Vulnerability Index (HVI) utilizado por Verisk Maplecroft considera las pérdidas económicas anuales derivadas de amenazas naturales, el capital natural, la fragilidad económica, la calidad de la infraestructura, la eficacia gubernamental y la sensibilidad de la población.
Perú: lluvias, sequías y exposición minera
En el caso peruano, el análisis de Verisk Maplecroft advierte que una década de inestabilidad política ha deteriorado la capacidad institucional. Además, buena parte de las reparaciones y medidas de mitigación vinculadas al fenómeno de El Niño de 2017 todavía permanecen incompletas.
Con este escenario, las lluvias de este año en el norte y las sequías en las regiones del sur afectarán aún más a la agricultura, la industria y la infraestructura. El impacto también alcanza a la minería peruana, debido a su sensibilidad frente a las variaciones de las precipitaciones.
Una menor disponibilidad de lluvias puede restringir la producción minera. En el extremo contrario, un exceso de precipitaciones amenaza las operaciones y las rutas de acceso a las minas por el riesgo de inundaciones y deslizamientos.
El cobre también aparece dentro de esta ecuación. El precio del metal alcanzó un récord de US$6,50 por libra a comienzos de este año. Cualquier impacto sobre la oferta podría generar nuevas presiones al alza sobre los precios, de acuerdo con el análisis.
La situación peruana forma parte de un escenario regional más amplio. El HVI de Verisk Maplecroft muestra diferencias importantes en la capacidad de los países para absorber y responder a una disrupción climática.
Vulnerabilidad climática y capacidad de respuesta
Centroamérica y la región andina —incluidos Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia— aparecen como las subregiones con mayor nivel de riesgo general. En Centroamérica, Nicaragua, Honduras y Guatemala presentan los niveles más bajos de resiliencia tanto dentro de la subregión como en el conjunto de América Latina.
En Sudamérica, Venezuela, Bolivia y Argentina figuran entre los tres países más vulnerables. Colombia, Brasil, Chile y Uruguay presentan una posición comparativamente más favorable dentro del análisis.
La capacidad institucional es uno de los elementos que explican estas diferencias. Para Verisk Maplecroft, la fortaleza de la gobernanza en la región andina resulta determinante para aspectos como las regulaciones de seguridad, la inversión en infraestructura resiliente y el apoyo a las comunidades afectadas.
Venezuela representa uno de los casos de mayor exposición. La menor eficacia gubernamental y el legado de años de subinversión han dejado una infraestructura deteriorada. El país también depende de centrales hidroeléctricas afectadas por la fuerte caída de los niveles de agua, mientras dispone de pocas alternativas de respuesta.
El análisis también señala que un terremoto ocurrido en mayo dejó más de 6.500 víctimas mortales y graves daños en infraestructura.
Colombia, en contraste, presenta el nivel más alto de fortaleza institucional dentro de la región andina. El país ha adoptado medidas presupuestarias de emergencia para proteger la generación hidroeléctrica y reforzar la gestión del riesgo de desastres.
El Canal de Panamá y la presión sobre las rutas comerciales
La sequía constituye otro de los principales focos de atención para las cadenas logísticas. Una reducción de los niveles de agua en el Canal de Panamá puede afectar al comercio marítimo mundial, considerando que alrededor del 5 % del comercio marítimo global pasa por esta vía.
Verisk Maplecroft advierte que mayores restricciones al tránsito de buques elevarían los costos de transporte y alargarían los tiempos de viaje, incrementando la presión sobre las cadenas de suministro.
La exposición del Canal forma parte de un corredor más amplio afectado por la sequía: el denominado “corredor seco” que atraviesa zonas de la costa del Pacífico de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua.
En estos países, la vulnerabilidad se concentra especialmente en las poblaciones expuestas y en la calidad de la infraestructura. Una reducción de las precipitaciones profundiza la escasez de agua y afecta actividades como la ganadería y los cultivos de maíz, café y frijol.
Los efectos pueden extenderse a la producción industrial, la minería y la generación eléctrica. Según el análisis, esta combinación de impactos puede generar condiciones de inseguridad alimentaria y efectos económicos adicionales, junto con presiones sociales y migratorias.
Cono Sur: Riesgos sobre producción y logística
El Cono Sur presenta instituciones más sólidas, infraestructura más resiliente y mayores recursos para responder a emergencias frente a otras zonas de América Latina. Sin embargo, su importancia para los mercados mundiales de alimentos, energía y materias primas hace que las disrupciones localizadas puedan tener efectos transfronterizos.
En Argentina, un incremento de las precipitaciones podría beneficiar a las regiones productoras de soja y granos, como ocurrió durante El Niño de 1997. Pero un exceso de lluvias también puede provocar inundaciones en provincias del noreste y zonas de cuencas fluviales.
Ese escenario afectaría las temporadas de siembra y crecimiento, además de carreteras, ferrocarriles, almacenamiento y acceso a terminales de exportación.
Brasil enfrenta una exposición diferente. Mayores precipitaciones en el sur y sudeste amenazan zonas agrícolas de Mato Grosso, Mato Grosso do Sul, Goiás, Minas Gerais y Bahía. En conjunto, estas áreas representan alrededor del 60 % de toda la soja y el 70 % de toda la producción de maíz del país.
Al mismo tiempo, las sequías en las regiones del norte y amazónicas podrían limitar la logística fluvial y la generación hidroeléctrica.
Una interrupción prolongada en mercados exportadores relevantes podría reducir la disponibilidad mundial de soja y otros cultivos, incrementar la volatilidad de los precios y llevar a los compradores internacionales a diversificar sus fuentes de abastecimiento, según plantea el análisis de Verisk Maplecroft.
El Niño y la resiliencia de las cadenas de suministro
El riesgo regional también está vinculado con la posibilidad de que el fenómeno reproduzca o incluso amplifique las condiciones observadas durante El Niño de 1997/98. De acuerdo con los datos del análisis, aquel episodio generó pérdidas económicas globales estimadas en US$5,7 billones, casi tres veces la caída del PIB mundial registrada durante la crisis financiera de 2008.
El fenómeno actual ya registra las temperaturas más elevadas jamás observadas en el océano Pacífico y, según el análisis, no alcanzaría su punto máximo hasta diciembre.
La combinación de El Niño y cambio climático plantea así una prueba para la resiliencia empresarial. Las compañías que operan o se abastecen en América Latina deberán considerar que los impactos pueden variar considerablemente entre subregiones y sectores.
Verisk Maplecroft plantea, en ese sentido, que las empresas mapeen su exposición por subregión y no únicamente por país. La sequía afecta a Centroamérica, el Canal de Panamá y el norte de Brasil, mientras las inundaciones amenazan a Perú, Ecuador y el sur de Brasil. Este análisis puede complementarse con el HVI para priorizar proveedores y operaciones ubicados en zonas con menor capacidad de respuesta, como Nicaragua, Honduras, Venezuela y Bolivia.
También plantea la necesidad de considerar alternativas logísticas y posibles shocks de precios. Entre los escenarios a modelar están las restricciones al tránsito por el Canal de Panamá y el aumento de los fletes, además de la diversificación o cobertura de compras de soja, maíz, café, cobre y salmón.
El análisis recomienda asimismo evaluar las inversiones y operaciones considerando la calidad de la gobernanza. Las medidas de emergencia adoptadas en Colombia para proteger la generación hidroeléctrica muestran cómo la capacidad institucional puede contribuir a amortiguar los efectos de una disrupción. En contraste, las reparaciones pendientes desde el fenómeno de 2017 en Perú y el deterioro de infraestructura en Venezuela reflejan mayores dificultades de respuesta.
Para las empresas, Verisk Maplecroft plantea finalmente considerar ubicaciones en países que aparecen comparativamente mejor posicionados en su análisis, como Colombia, Brasil, Chile y Uruguay, junto con planes específicos de continuidad según el sector, incluidos sistemas de respaldo de energía y agua para operaciones mineras.
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