Aranceles de EE. UU. tensionan márgenes y logística de exportadores

septiembre 28, 2026

Escrito por: Redacción Logística 360

Agro y textiles concentran la exposición, mientras las empresas deben gestionar costos, inventarios, transporte y condiciones comerciales.

Los nuevos escenarios arancelarios de Estados Unidos para 2026 están obligando a los exportadores peruanos a revisar costos, márgenes, inventarios y rutas comerciales. El impacto no es uniforme. Agroexportación y textiles concentran los mayores niveles de exposición, aunque determinados productos han quedado excluidos de la medida. Mientras algunas empresas pueden absorber parte del mayor costo o diversificar mercados, las pequeñas y medianas enfrentan mayores restricciones financieras y comerciales.

Para los especialistas Marjorie Llantoy Colan y Daniel Antonio Bazan Durand, la respuesta pasa por combinar gestión logística, inteligencia comercial, diversificación y mayor valor agregado.

Agro y textiles concentran la exposición

El nuevo escenario arancelario tiene efectos diferenciados según producto y sector. Marjorie Llantoy Colan, especialista en Inteligencia Comercial y Negocios Globales, identifica tres grupos particularmente expuestos. En agroindustria menciona productos frescos y procesados como arándanos, uvas, espárragos, mandarinas, alcachofas en conserva, quinua y fresa. En textiles y confecciones, señala prendas de vestir de algodón para hombres y mujeres, como camisas, blusas y suéteres. En pesca, incluye productos como aceite de pescado y pescado perico, además de collares de oro.

Daniel Antonio Bazan Durand, especialista en comercio exterior de ComexPerú, concentra su análisis en agro y textiles por el peso que tiene Estados Unidos como destino para ambos sectores. En 2025, el sector agrícola representó alrededor del 49% de las exportaciones peruanas hacia ese mercado y el textil, 8,5%. Además, Estados Unidos recibió el 34,5% de las agroexportaciones peruanas y el 49,8% de las exportaciones textiles.

Daniel Antonio Bazan Durand, especialista en comercio exterior de ComexPerú

En agro, todavía no observa una contracción de los envíos. Las agroexportaciones hacia Estados Unidos superaron los US$ 5.000 millones en 2025, con un crecimiento de 14,2%. Entre enero y junio de 2026 llegaron a US$ 1.703 millones, 3,4% más que en igual periodo de 2025.

Las uvas y los arándanos fueron los dos principales productos agrícolas exportados por Perú a Estados Unidos en 2025, ambos con envíos superiores a US$ 1.000 millones. Los dos permanecen sujetos al arancel adicional, mientras otros productos relevantes quedaron excluidos.

Por ello, Bazan considera que el principal impacto para las agroexportadoras debe observarse en sus márgenes. El arancel es pagado formalmente por el importador estadounidense al ingresar la mercancía, pero el costo económico puede distribuirse de distintas maneras según la negociación entre comprador y proveedor.

«Un comprador con mayor poder de negociación puede pedir al exportador peruano asumir total o parcialmente el valor del arancel por pagar», explica Bazan.

El sector textil presenta una señal distinta. En 2025, las exportaciones textiles peruanas a Estados Unidos alcanzaron US$ 870 millones y crecieron 3,6%. Sin embargo, entre enero y junio de 2026 sumaron US$ 400 millones, 10% menos que los aproximadamente US$ 445 millones registrados en el mismo periodo del año anterior.

Bazan advierte además una desventaja competitiva frente a otros proveedores. Una parte importante de la oferta peruana corresponde a prendas y complementos de vestir de punto del capítulo 61, cuyos principales productos están sujetos al arancel adicional. En cambio, Guatemala, El Salvador y Jordania cuentan con listas adicionales de exclusiones que incluyen partidas de ese capítulo. «Una desventaja arancelaria frente a otros proveedores puede traducirse directamente en una pérdida de competitividad», sostiene.

El arancel también altera la planificación logística

La incertidumbre sobre cuándo entra en vigor una tasa, o si puede aumentar, modifica decisiones sobre producción, inventarios, reservas de transporte y programación de embarques.

Bazan recuerda que durante abril y julio de 2025 se produjo un adelanto importante de importaciones por parte de compradores estadounidenses después de que Estados Unidos anunciara una suspensión temporal de 90 días para tasas superiores aplicadas a varios socios comerciales. El movimiento concentró demanda de transporte marítimo en un periodo relativamente corto, presionó los fletes internacionales y contribuyó a episodios de congestión portuaria.

Marjorie Llantoy Colan, especialista en Inteligencia Comercial y Negocios Globales

Llantoy considera que la respuesta debe comenzar por una revisión integral de la operación. «Las empresas tendrán que revisar sus niveles de inventario, consolidación de cargas y verificar qué productos están siendo afectados y cuáles no, y evitar retrasos de los envíos, ya que eso suma al costo logístico», señala.

Para las agroexportadoras, las restricciones propias de los productos frescos reducen el margen para modificar las fechas de salida, por lo que la especialista plantea una planificación estrecha con quienes participan directamente en la operación. «Será importante crear una estrategia de planificación y coordinaciones constantes con los agentes de carga e importadores», afirma Llantoy.

Negociación, diversificación y valor agregado

Las primeras respuestas empresariales también se están produciendo en la relación comercial con los clientes estadounidenses. Bazan explica que algunas agroexportadoras vienen asumiendo total o parcialmente el costo arancelario para preservar sus relaciones comerciales y mantener su presencia en ese mercado.

En paralelo, Llantoy plantea que la diversificación de destinos debe mantenerse como una estrategia permanente. Señala que solo 12% de las exportaciones totales peruanas se dirige a Estados Unidos, mientras el resto se distribuye entre mercados como China, la Unión Europea, India y diferentes economías de América Latina y el Caribe.

La especialista también identifica una segunda vía: avanzar hacia productos con mayor valor agregado. En agroindustria, esto incluye procesos de congelación y deshidratado, así como la transformación en bebidas, snacks y otros alimentos procesados. En textiles, propone explorar productos diferenciados, entre ellos prendas elaboradas con fibra de alpaca y pelo fino, donde Perú cuenta con una ventaja competitiva.

Para Bazan, la diversificación tampoco implica abandonar el mercado estadounidense. Estados Unidos es el segundo socio comercial del Perú y mantiene una importancia fundamental para sectores como agro y textiles. En 2025, Perú exportó más de US$ 10.200 millones a ese destino. Entre enero y junio de 2026, los envíos alcanzaron US$ 5.038 millones, 19,5% más que en el mismo periodo del año anterior.

Perú cuenta para ello con una red de 24 acuerdos comerciales vigentes con 59 economías, además de procesos de negociación en curso. Para Bazan, esta plataforma permite seguir desarrollando compradores y destinos alternativos.

«La estrategia debe ser seguir defendiendo y profundizando nuestra presencia en EE. UU. y, paralelamente, sumar nuevos mercados que permitan distribuir mejor los riesgos», señala.

Las pymes enfrentan una adaptación más exigente

La capacidad para responder a un cambio arancelario depende también del tamaño de la empresa. Las grandes compañías suelen contar con redes logísticas más desarrolladas, mayor cartera de clientes y presencia en distintos mercados y productos. Eso les permite negociar con compradores, absorber temporalmente mayores costos, contratar espacios con anticipación, negociar tarifas y trabajar con diferentes operadores y rutas.

«Las pymes y MiPymes son probablemente las que requieren mayor acompañamiento en inteligencia comercial, búsqueda de nuevos compradores, planificación logística y diversificación de mercados», sostiene Llantoy.

Bazan aporta una dimensión adicional mediante la composición del universo exportador. Según cifras del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur), el año pasado hubo 2.716 empresas peruanas exportadoras a Estados Unidos. De ellas, 1.640 fueron mipymes, equivalentes al 60,4% del total.

Resiliencia: más mercados y una logística flexible

La incertidumbre comercial observada desde 2025 plantea un desafío que trasciende la coyuntura arancelaria actual. Bazan señala que desde abril de ese año se han producido anuncios de nuevas tasas, suspensiones temporales, modificaciones en el sustento jurídico utilizado por el Gobierno estadounidense y cambios posteriores en los productos afectados.

Llantoy coincide en que la diversificación debe convertirse en una práctica permanente y la vincula con una transformación más amplia de la oferta exportadora. Su propuesta combina una mayor cartera de clientes, industrialización de productos, cadenas logísticas flexibles y capacidad de adaptación.

«Estas medidas no solo son relevantes frente a cambios arancelarios, sino a otros desafíos del comercio exterior como la desaceleración del crecimiento de las economías, regulaciones comerciales, tensiones geopolíticas y otros», afirma.

Pero parte de la resiliencia también depende de condiciones que las empresas no pueden resolver individualmente. Bazan considera necesario reforzar la competitividad interna para evitar que los costos adicionales de acceso al mercado estadounidense se acumulen con sobrecostos logísticos dentro del país.

Entre los puntos pendientes menciona la congestión en los accesos al puerto del Callao, mejoras en las vías que conectan con los principales terminales y una adecuada conectividad en el eje Callao–Chancay. También identifica oportunidades en alternativas como el cabotaje marítimo, cuyo desarrollo continúa limitado por barreras tributarias. A su juicio, corregirlas permitiría que esta modalidad se convierta en una opción más competitiva para trasladar carga entre puertos peruanos.

Para Llantoy, el aprendizaje central está en construir una capacidad de adaptación permanente. «La diversificación como estrategia permanente, ampliar cartera de clientes e industrialización de productos con valor agregado, desarrollar cadenas logísticas más flexibles y capacidad de adaptarse a los cambios comerciales», resume.

Bazan, por su parte, plantea que el desafío consiste en aprovechar los mercados disponibles sin concentrar excesivamente el riesgo y, al mismo tiempo, reducir los costos que sí están bajo control del país. En un escenario de cambios arancelarios, la respuesta del exportador peruano no depende únicamente de cuánto cuesta ingresar a Estados Unidos, sino también de su capacidad para negociar, planificar, transportar, diversificar y generar mayor valor dentro de su oferta.

Lee el artículo completo en la nueva edición de Logística 360 Perú, págs. 42-46: https://logistica360.pe/nuestras-ediciones/

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